Dos meses después de la explosión en la calle Neuquén, las cinco familias siguen en la incertidumbre – Diario de Flores
Buenos Aires, 22/07/2018, edición Nº 2878
Actualidad

Dos meses después de la explosión en la calle Neuquén, las cinco familias siguen en la incertidumbre

Fecha Publicación: 22 diciembre, 2017

(Barrio de Flores) “Pensé que el paso del tiempo iba a ayudarme, pero sólo asienta la angustia”, dice Guillermo Ariza, de 51 años. El 10 de octubre, un escape de gas provocó una explosión que dejó su casa y otras cuatro inhabitables. Cuando todo detonó, una contratista de Metrogas estaba cambiando caños en la vereda, en Neuquén al 2200, Flores. Hoy en esa misma dirección, detrás de unas vallas metálicas, está el esqueleto incompleto de cuatro dúplex. “Mi casa era un espacio cálido, de contención -sigue-. Un lugar con futuro, que ya no es esto”. Desde la calle, se ve lo que era su cocina: un horno calcinado, el portero eléctrico que perdió utilidad, los azulejos llenos de hollín. No hay paredes, tampoco techo. Es la imagen de una posguerra barrial.

Pasaron dos meses desde la explosión y las cinco familias siguen en la incertidumbre. Denuncian que el rol de Metrogas se limita a pagarles alquileres en departamentos minúsculos. Dicen que nadie les aclara cuándo dejarán de vivir como intrusos. Mucho menos les ofrecen disculpas. “No somos responsables, y los responsables están tranquilos. Yo perdí toda capacidad de disfrute. Dejaron de existir los fines de semana o momentos de distracción. Las fiestas, un ejemplo, me pasan por el costado”, agrega. El año pasado para esta fecha había decorado el frente de su casa con guirnaldas y luces. Ese frente, de ladrillos rojos, rejas negras y puerta blanca, no existe. Voló. Las rejas salieron como lanzas que se incrustaron en un edificio de la vereda opuesta. También salieron despedidas puertas y vidrios.

Me gustaba el ritual que rodea a las fiestas: preparar la casa, agradecer y festejar. Pero ahora pienso en la ilusión rota, en no tener mi lugar, el que tuve tantos años y donde nos reuníamos”, dice. Parecen angustias obvias de un primer tiempo postraumático, pero las enuncia un hombre que trabaja entre 15 y 18 horas diarias para que el cansancio lo tire a la cama. Un hombre que el mes pasado fue internado por estar más de 24 horas sin tomar líquidos, porque no tuvo sed ni percibió que se deshidrataba. Que siente taquicardia y la garganta se le oprime. Antes del 10 de octubre no conocía esos síntomas.

Hace unas semanas volvió a estar frente a los restos de su casa. Se paró entre los muebles derrumbados, los pedazos de mampostería y los objetos derretidos por el fuego que le siguió a la explosión. Lo hizo para guiar a miembros de las aseguradoras que intervienen en el proceso. “Hace 12 años fui analista de siniestros para empresas de seguros. Tengo bastante conocimiento. Después me especialicé en instalaciones eléctricas, pero con lo que pasó la experiencia vuelve”, dice. Hoy Guillermo estudia las paredes, los sectores que se prendieron fuego y los que no, explica cómo salió la explosión por las rejillas de los baños y lavaderos de la construcción. Vive la ironía de analizar su propio siniestro.

El día de la tragedia los vecinos de la calle Neuquén al 2200 habían pasado la mañana y la tarde quejándose con los operarios de APCO, la contratista de Metrogas, por un fuerte olor a gas. Pero nadie escuchó. “El informe preliminar de bomberos afirma que hay una relación directa entre el trabajo que estaban haciendo y la explosión. Es una responsabilidad probada. Tanto de APCO como de Metrogas, por ser la empresa que los contrató”, le dijo a Clarín el abogado de las cinco familias, Francisco Chirichella.

La explosión destruyó los cuatro dúplex, que irán a demolición. También dañó en forma grave una casa lindera. Ahí vivía Marisa Kantor, de 46 años, con su marido Pablo y sus hijos. Marisa es diseñadora gráfica. Estaba en su escritorio cuando la medianera, que separa su vivienda de los dúplex, cayó y empezaron a volar cascotes por el aire. No recuerda haber oído un estruendo, sólo vio los vidrios rasgarse y el fuego. Los pedazos de dúplex cayeron y cubrieron su patio. “Mi casa está igual que el 10 de octubre. Los escombros en el lugar exacto. Pasaron más de dos meses y recién hace unos días cambiaron un vidrio”, se queja.

Ahora viven los cuatro en un departamento de dos habitaciones y un living chico. En ese último espacio puso el arbolito, que recuperó pese a la destrucción. “Estas fiestas van a ser muy tristes. No termino de dar vuelta la página porque pasa el tiempo y tengo adelante el mismo espectáculo trágico. Por los chicos, junto a Pablo, la remamos, pero ellos saben que nuestra casa ya no va ser el punto de reunión en esta Navidad”.

En su familia y en las otras hubo un cambio de roles. Los que en una etapa inicial eran positivos, hoy explotan, sobrepasados de estrés. “Pablo no da más. Está muy decepcionado. Todo es una burocracia. Nosotros no elegimos vivir donde estamos. ¿Qué tenemos que hacer para que nos presten atención?”, dice. Gladys Yunguerman, otra de las dueñas de las casas devastadas, agrega: “Siempre está latente el dolor. Con mi esposo estamos en un departamento de dos ambientes y mis dos hijas en otro igual. No es feo, pero es prestado. Me pregunto ¿por qué no tengo mi casa? ¿por qué perdí todo? No hay respuesta”.

La mayoría sigue teniendo problemas para dormir, algunos se largan a llorar porque sí, otros tienen arranques de ansiedad, otros no pueden hablar sobre lo que pasó. A veces se encuentran sin nada que decir o esperar. La vida estará incompleta por un tiempo largo.

La respuesta de Metrogas
Luego de la explosión, ni las familias ni los vecinos tuvieron contacto con la tercerizada APCO, que cambiaba el tendido al momento de la detonación. Con Metrogas, los perjudicados están en diálogo. “Nos comprometimos a hacernos cargo del alojamiento y eso continúa. Están todas las partes -vecinos, abogados y peritos- trabajando en conjunto. Vamos hacia un acuerdo”, dijeron desde la empresa a Clarín.

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad actúa como mediador. Allí surgió el acuerdo por el pago de vivienda durante seis meses.

“Entendemos que es una situación angustiante pero no dejamos de atenderla. Los tiempos de los procesos se dan en los términos en los que participan los abogados de la empresa y de los vecinos , y sus respectivos peritos”, agregaron. Sobre APCO, la contratista que habían elegido para el cambio de caños en Flores prefirieron no referirse. La tercerizada tiene una prohibición de trabajar en el barrio. Los vecinos reclaman que se extienda al resto de la Ciudad y la Defensoría del Pueblo instó al Enargas a iniciar investigaciones, aplicar castigos y extremar las medidas de seguridad.

El defensor Alejandro Amor reclamó: “Exigimos a las empresas responsabilidad social para estas familias que sufrieron daños irreparables y responsabilidad técnica para que un siniestro así no vuelva a ocurrir”. NR

Fuente consultada: Clarín

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