Vecinas de la Villa 1-11-14 se juntaban a compartir recetas y ahora tienen su propio servicio de catering – Diario de Flores
Buenos Aires, 17/12/2018, edición Nº 3026
Actualidad

Vecinas de la Villa 1-11-14 se juntaban a compartir recetas y ahora tienen su propio servicio de catering

Fecha Publicación: 16 octubre, 2018

(Barrio de Flores) A metros de uno de los ingresos a la Villa 1-11-14 y frente a una pequeña cancha de fútbol ahora desierta, un grupo de mujeres se reúne alrededor de una mesa. Una mesa que alguna vez fue sencillamente eso y que ahora es mucho más: en torno a ella se dictan talleres de cocina, se comparten conocimientos, se reinventan recetas tradicionales, se ríe, se charla, se empatiza, se contiene. Porque lo que unos años atrás comenzó siendo una reunión entre amigas y vecinas que cocinaban, hoy se transformó en un espacio de formación y también de salida laboral. Todo en un contexto complejo, en el que las carencias son muchas pero la solidaridad siempre encuentra un resquicio.

El puntapié inicial de esta movida fue dado por la peruana Rocío Mazuelos Huaman, cinco años atrás. Llegó al país hace casi tres décadas y en Perú dejó a su familia, incluso a una beba recién nacida. Aquí se armó una nueva historia, trabajó en casas de familia y un día se le ocurrió comenzar a cocinar junto a sus vecinas. El núcleo duro de este grupo está conformado por ocho mujeres de diferentes nacionalidades: peruanas, bolivianas y paraguayas. Entre otras cosas, juntas descubrieron que las recetas de sus países y regiones de origen tienen bastante más que ver que lo que pensaban.

En todo este tiempo han explorado decenas de recetas, una de ellas, el mondongo chuquisaqueño. Originario de ese departamento de Bolivia, el plato tiene de por sí un nombre singular…porque no lleva mondongo. Se prepara con cuero y carne de cerdo, maíz, ají molido (del picante), palillo (una clase de cúrcuma, muy utilizada en este tipo de guisos), perejil, ajo, aceite, sal y pimienta. “Siempre me llamó la atención el nombre e investigué sobre el plato. Es una de las cosas que hacemos en nuestro grupo, no sólo cocinamos, sino que recuperamos tradiciones, exploramos y aprendemos unas de otras”, contó Rocío a Clarín.

Justamente su casa es sede de estos encuentros. La planta baja quedó convertida en un salón de usos múltiples. Porque además de realizar talleres -en donde reciben hasta 25 personas- también montaron un emprendimiento de comidas, un catering con el que ya participaron en varios eventos. Y recorren otras villas: estuvieron en Fátima, Ciudad Oculta, Cildañes y la 21.24.

La difusión de lo que hacen en su perfil en Facebook (Sabores y Saberes Sin Fronteras) las conectó con actividades que no imaginaron: “En la semana dictamos un taller a un grupo de amigos de origen chino. Se criaron juntos pero, por trabajo o estudio, viven en diferentes lugares del mundo. Se juntaron para viajar por Sudamérica y querían salir de los circuitos tradicionales. Llegaron a nosotras gracias a una agencia de turismo, no lo podíamos creer”, contó divertida Rocío. Los acompañó un traductor, y ellas les enseñaron a cocinar empanadas con relleno de carne cortada a cuchillo. Y también a preparar la masa.

El salto más importante que dio el grupo fue motorizar su microemprendimiento de catering. La Secretaría de Hábitat e Inclusión de la Ciudad, que puso un pie en una villa históricamente abandonada por el Estado, colabora con ellas ofreciéndoles capacitación y acercando también abogados y asistentes sociales que las acompañan.

No todo es cocinar. La cocina es un pretexto. Este es un espacio para charlar y preguntarnos qué nos pasa, cómo estamos viviendo. Y si bien nosotras nos ponemos el hombro, necesitamos que nos acompañen los profesionales. Con ellos hablamos temas de embarazo, drogas, trata y violencia de género. Sobre todo esto último, para saber como enfrentar la situación”, cuenta Emma Gusta.

Cinco de las ocho mujeres son peruanas; además de Emma y Rocío, forman parte del grupo María Lara, Verónica Marcado y Flor Núñez. En tanto Fanny Mejía nació en Bolivia, Beatriz Copa en Paraguay y Susana Chávez en Argentina.

De la mano de BA Capital Gastronómica participaron en Caminos y Sabores y también estuvieron en la Feria Masticar. En 2017, con el debut del catering, les dieron de comer a 500 egresados becados del Programa de Ingreso a la Gastronomía (PIG). Y ellas mismas participan ahora en estos cursos con la idea de poder desarrollarse profesionalmente. Están tomando el curso de “tartas y empanadas” y el de “ayudante de cocina”. En rigor se trata de becas, gratuitas y abiertas a todos los vecinos, para aprender a elaborar pizzas o las cómo desempeñarse como mozo, bartender, barista o parrillero. También hay cursos de cata de vinos y cervezas, y de elaboración de pan y de pastas frescas, entre otros. Y la Agencia Gubernamental de Control también aporta lo suyo con cursos gratuitos sobre manipulación de alimentos, que por otra parte son obligatorios.

Mientras cuentan todo esto, las mujeres planean un menú con mazamorra, chicha morada y escabeche de pollo, todas especialidades del Perú. Y se preparan para seguir la faena de cocinar, enseñar y disfrutar. NR

Fuente consultada: Clarín

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