Buenos Aires, 21/05/2024, edición Nº 5008
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Lorenzo Miguel y su vida en Flores

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Siempre mantuvo su equilibrio político y sindical y fue respetuoso de la libertad de prensa
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Se cumplieron cuarenta años del retorno del máximo líder que tuvo la Argentina y que convirtió esa fecha del 17 de noviembre de 1972 en el Día del Militante.

Hoy recordamos a uno de esos leales soldados del general Perón que sin duda fue y seguirá siendo en el recuerdo el dirigente sindical Lorenzo Miguel, siempre fiel al General, como lo fue José Rucci y muchos otros que el pueblo peronista, y quienes no lo son, recordarán por mucho tiempo. Esta es la historia real de hoy en “A mí no me lo contaron”.

A Lorenzo Miguel me une no sólo el recuerdo de un grande de la dirigencia nacional, sino la vivencia de haber sido su amigo, una amistad clara y cálida, así como también navegar en el mismo barco de una doctrina bien nacional y popular como la que creó Juan Domingo Perón.

En 1974 se dio la presencia en 1974 de Isabel Perón en varios países de Europa. Pero este escrito está centralizado en el gran discurso de la entonces vicepresidenta en Ginebra para hablar ante más de 400 delegados, sobre la concepción del gobierno respecto de la acción laboral en el mundo.

Ella concurrió a la reunión de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), debido a que el general Perón se hallaba con la salud quebrantada y dejó en manos de su esposa uno de los mensajes más extraordinarios de lo que debe ser en el mundo venidero “la comunidad organizada”.

Un ejemplo de unidad

Lorenzo Miguel la acompañó como uno de los verdaderos artífices de una política que él llevó siempre en el corazón, junto a su líder, y mostró el camino a muchos otros enarbolando la verdadera bandera de los que son leales a un hombre, pero incluso a algo superior a todo esto: el verdadero amor al trabajo y a defender con fuerza, amor e inteligencia, una política vibrante para el devenir de los tiempos que abrió el tres veces presidente de la Nación.

De pie, los 400 delegados de todo el mundo aplaudieron extensamente el mensaje de la Argentina hacia el mundo. Las frases y concepciones de una verdadera joya en lo que hace a la orientación laboral dieron pie para la emoción que generaron las palabras de Isabel.

Lorenzo Miguel, que dejó una huella inolvidable de su paso por la patria trabajadora, siempre manifestó su cariño por la prensa y nunca dejó de lado el contacto con los medios para responder a todos.

En ocasión de ese viaje a Ginebra, que después se extendió por Italia y España, dialogábamos por las calles de europeas y escuchábamos atentamente a este hombre con dignidad, principios, férreas convicciones, pero, además, un cariño insoslayable por el ser humano.

Jamás, por lo menos el que escribe esta nota, escuchó de sus labios palabras agresivas contra nadie y, al contrario, en su lucha por la verdad laboral, mostró siempre un espíritu de defensa absoluta del trabajador, pero buscando siempre ese equilibrio tendiente a lograr soluciones. Nunca se quebró.
Perón lo quería mucho y lo había convertido en uno de sus consejeros, como también a José Rucci.

Ambos tenían una amistad inalterable. Lorenzo Miguel fue titular de las 62 Organizaciones Peronistas, el brazo político del Movimiento Nacional Justicialista.

El “Ciclón”: Su verdadera pasión deportiva

Siempre tenía palabras de cariño hacia los representantes de los medios, y a veces guardaba una entendible reserva en momentos difíciles para evitar malas interpretaciones. Eso sí, jamás se olvidó de hablar de sus colores favoritos en el fútbol: los de San Lorenzo de Almagro. Si viviese hoy, estaría lleno de alegría porque su querido club vuelve a Boedo.

Recuerdo que en una oportunidad, tomando un café en su despacho de la UOM, le dije al pasar: “Aquí, el único equipo ganador es Boca (por supuesto, uno es ferviente hincha de la azul y oro) y el domingo le vamos a ganar”. Nos miró, sorbió el líquido y, con una sonrisa en los labios, apuntó: “Oíme, pibe, al padre se le tiene más respeto”. Tenía razón.

Su alegría era hablar de su familia y de una de sus colaboradoras: Lidia Vibona. Casualmente, la eficaz trabajadora continúa en el mismo lugar y recordándolo siempre, pero ahora junto al actual secretario general del sindicato metalúrgico: Antonio Caló. Este acompañó a Miguel casi desde su adolescencia y tomó el timón del gremio exaltando siempre a su gran jefe y, como suele decir: “Para sus contemporáneos fue un ejemplo, ya que se convirtió en el brazo político del movimiento obrero y columna vertebral del Movimiento Nacional Justicialista”.

Julio Raele fue uno de los hombres que acompañó siempre al gran sindicalista hasta que éste nos dejó en 2002 “para sentarse junto al general Perón allá en el cielo”, como dice siempre don Julio. Añade enseguida a su recuerdo del querido “Loro” su deseo de unidad de todos los trabajadores. Vuelven entonces a resaltarse palabras de Antonio Caló sobre Lorenzo: “Su militancia, su profunda vocación de servicio, su lealtad a Perón y Evita hicieron que formara parte de la historia de nuestro país en momentos difíciles”.

Aquella noche del 24 de marzo de 1976

No podemos dejar de relatar la noche del 24 de marzo de 1976 cuando fue derrocada la Presidenta de la Nación, primera mujer en tal relevante misión, Isabel Perón, por una de las dictaduras más lacerantes de la historia de la humanidad.

Aproximadamente a las doce de la noche concluyó una reunión de la presidenta con Miguel y otros dirigentes y funcionarios. Cuando se retiró, el recordado sindicalista nos dijo: “Todo está superado. La presidenta paga dos pesos”, en referencia a aquellos apostadores que juegan al favorito.
Pero después la cosa cambió. El dictador Videla le había mentido al decir, a través del teléfono: “Señora, todo está normal”.

Cuarenta minutos después la detuvieron. Lorenzo Miguel y muchos otros dirigentes peronistas sufrieron cárcel y ofensas.

El histórico dirigente de la UOM no se quebró nunca. Sufrió todo lo que sobrevino con la dignidad de los grandes. Jamás negoció sus principios. Después, en libertad, Miguel siguió su lucha por los trabajadores y la amistad con todos (me incluyo) continuó hasta el final de sus días, cuando una diabetes lo llevó a su última morada.

Será recordado siempre; será el verdadero maestro de las lides que se juegan en el campo del trabajo. Lorenzo Miguel, un dirigente ejemplo para el presente y el futuro. Hasta el domingo.

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