Buenos Aires, 19/10/2026, edición Nº 5889
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María Josefa Ezcurra: la historia de la mujer que unió el amor por Belgrano y el poder junto a Rosas

Nacida en el seno de una influyente familia colonial y hermana de Encarnación Ezcurra, María Josefa Ezcurra desafió los mandatos de su época al atravesar el país para reencontrarse con Manuel Belgrano. Años más tarde, su residencia porteña se transformó en un centro operativo de la política rosista.

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La historia hispanoamericana del siglo XIX resguarda figuras femeninas de enorme trascendencia política y social que desafiaron los rígidos marcos de su tiempo. Un caso paradigmático es el de María Josefa Ezcurra, nacida en noviembre de 1785. Hermana de Encarnación Ezcurra y cuñada de Juan Manuel de Rosas, su biografía combina pasiones secretas, autonomía económica y una decidida participación en los hilos del poder federal.

Su vínculo con Manuel Belgrano comenzó hacia 1802, cuando el creador de la bandera se desempeñaba como secretario del Consulado de Comercio. A pesar de la negativa familiar y de un matrimonio pactado en 1803 con un comerciante español —quien retornaría a Europa tras la Revolución de Mayo—, María Josefa mantuvo su autonomía y reanudó su relación con el prócer patriota.

Un viaje audaz en plena contienda de la Independencia

En marzo de 1812, en una época donde los traslados interprovinciales estaban vedados a las mujeres sin compañía masculina, Ezcurra emprendió un viaje de más de un mes en diligencia desde Buenos Aires hacia el Norte Argentino. Tras arribar a Tucumán y constatar que el Ejército del Norte se hallaba acuartelado en Jujuy, continuó su marcha hasta el frente de batalla para reunirse con Belgrano.

Fruto de aquel reencuentro nació en 1813 su hijo, Pedro Pablo, quien para preservar el decoro social de la época fue criado y adoptado legalmente por Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas, pasando a la historia como Pedro Pablo Rosas y Belgrano.

Operadora política y administradora del rosismo

A partir de 1833, durante los acontecimientos de la Revolución de los Restauradores que derivaron en la caída del gobernador Juan Ramón Balcarce, María Josefa Ezcurra asumió un rol central en la articulación política del partido federal:

  • Centro de reuniones: Su casona particular de la calle Alsina al 400 se constituyó en un nodo de conspiración, intercambio de inteligencia y vinculación entre las clases populares y la cúpula rosista.

  • Autonomía financiera: Tras heredarse los bienes de su cónyuge difunto en España, administró e invirtió capitales en bienes raíces e inmuebles rurales, consolidando un respaldo económico propio.

María Josefa Ezcurra falleció en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1856 a los 70 años, dejando el legado de una mujer que trascendió los condicionamientos de su tiempo para incidir de forma directa en el proceso de construcción política nacional.

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