Buenos Aires, 20/02/2024, edición Nº 4917
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Vino a la Argentina para ser albañil y cumple el sueño de jugar en Primera

Con 22 años y sin realizar Inferiores, el delantero llegó al país en 2016 para realizar trabajos de construcción y pintura. Pero un compañero de ese ámbito lo acercó a jugar en la Liga Platense amateur en 2017 y, en poco más de 6 años, jugará en la máxima categoría del fútbol argentino. “Cumplo un sueño todos los días”, exterioriza Portillo, hoy con 29 años.

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Tarda en llegar y al final hay recompensa, diría Gustavo Cerati en la canción “Zona de Promesas”… Y Samuel Portillo, atacante de Deportivo Riestra, puede dar fe de eso. El destino le tenía preparado algo grande. Solo se tenían que acomodar los momentos.

El ascenso de Portillo fue vertiginoso. Oriundo de Itauguá, perteneciente al Gran Asunción, vino de Paraguay en 2016 con 22 años para trabajar en tareas de albañilería y pintura. Al año siguiente, “Samu” se encontró jugando en la Liga Platense. Su buen desempeño lo llevó a que lo vieran desde la cercana localidad bonaerense de Berisso y, en 2019, comenzó a jugar en Villa San Carlos. Allí ascendió de la C a la B Metro y a fuerza de constancia, desbordes, velocidad y goles recaló en Riestra, en 2021, primero a préstamo y luego de forma definitiva. En el conjunto del Bajo Flores subió a Primera en 2023 y ahora cumplirá un gran anhelo dentro de su alocada carrera: jugar en la máxima categoría del fútbol de los campeones del mundo.

Este jueves, el “Malevo” debutará en la elite ante Instituto (el delantero estaría en el banco de suplentes), y es también un hito para la vida personal de este atacante de 29 años, que se autodefine como “un segunda punta, liviano, y un jugador rápido que va muy bien de arriba”. 

En diálogo con “Télam”, Portillo comenta el inicio de toda su aventura: “Mi hermano (Alberto), también paraguayo, había agarrado un trabajo por dos años en La Plata y me llamó para que fuera a trabajar con él. Me acuerdo que llegué un jueves, él me esperó en la terminal, fuimos a un departamento que había alquilado y al día siguiente empecé a trabajar. Hacíamos de todo en albañilería y pintura”.

-¿Cómo te encontrás con el fútbol?
-En el mismo edificio donde trabajábamos, un amigo (Martín Catalini) me dijo si quería jugar con ellos un torneo amateur en la Liga Platense, en el club Comunidad Rural. Y fui. En ese momento el equipo estaba en la B y nosotros ascendimos a la A, en el 2017. Luego a mi hermano le sale un trabajo en Pilar y yo me iba a ir para allá a trabajar con él, pero para que no me fuera del club y pudiera seguir jugando, me empezaron a pagar para hacer tareas de mantenimiento en el club. Ahí quedé hasta que me llamaron de Villa San Carlos en el 2019.

-De una Liga Ameteur a Villa San Carlos y luego a Riestra. Otros vestuarios, otras canchas, otros jugadores… ¿Cómo es el cambio?
-Los primeros meses me costó mucho. Y me sigue costando un poco. Lo físico no me cuesta, lo banqué bien, pero lo táctico me cuesta, a veces le digo a los profes que me expliquen dos veces. Como no tengo Inferiores, y recién empecé a jugar en cancha de 11 a los 18 años en Paraguay, hay cosas que me cuestan. Porque cuando jugaba era todo muy amateur y no entrenaba.

-Con todo el recorrido que hiciste y las cosas por las que pasaste, ¿sentís que estás cumpliendo un sueño?
-Siempre siento que cumplo un sueño, todos los días. Hoy en Riestra y antes en Villa San Carlos también. Mi sueño siempre fue eso. No tomaba, no fumaba, no trasnochaba, siempre me cuidaba, me lo inculcó mi papá. Y eso mismo creo que me ayudó a marcar diferencia en la liga amateur. Quizás jugaba el primer tiempo y nada, y en el segundo tiempo metía 3 ó 4 goles.

-Se viene tu debut en Primera y el de Riestra también, ¿Con qué esperás encontrarte? ¿O qué querés que pase?
-Si es por mí, quiero ganar todos los partidos y salir campeón. Pero como plantel y equipo aspiramos a mantener la categoría, sacar todos los puntos que se pueda. Vamos a tratar de disfrutar de jugar en Primera, que es lo más lindo.

-Teniendo en cuenta que fue muy increíble todo lo que pasó, siguiendo la misma tónica, mirá si llega un llamado de la Selección de Paraguay.
-Eso ya sería una locura, quizás me agarre un infarto al enterarme. Ojalá pase. La fe mueve montañas, siempre hay que tener fe.

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