Buenos Aires, 21/05/2024, edición Nº 5008
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Ariel Ramirez vivió en Flores

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Nació en Santa Fe de la Veracruz el 4 de septiembre de 1921. Compositor e intérprete, era hijo de Zenón Ramírez y de Rosa Blanca Servetti. Desde pequeño, evidenciaba relevantes condiciones para el género musical. Tuvo en Justiniano Torres Aparicio a un valioso instructor. Viajó por casi toda América y el mundo. Su principal inquietud era el folklore nacional. La perseverancia y seriedad constituían la parte fundamental de sus trabajos. Nada lo dejaba librado al azar. Pianista eximio pasaba de las notas graves a las agudas con la maestría de un ser virtuoso artísticamente.


Guardo un especial recuerdo por la Familia Ramírez, que data de mis tiempos de joven estudiante.
El Padre de Ariel, Don Zenón estableció una casa de estudios privados en un coqueto petit hotal ubicado en Rivadavia casi esquina Boyacá (Hoy demolido por la impiadosa piqueta), donde se edificó luego un edificio de varios pisos, Recuerdo a Don Zenón, un inolvidable tucumano, excelente profesor y magnífica persona. El apuntalaba mi preparación para el ingreso a la Escuela Naval Militar. Su esposa Doña Rosa, era una simpática señora que me llamaba cariñosamente Nicolacito.
Ariel era en ese momento un muchacho alto, de sazón delgado, de frases breves y prudentes. He conocido y tratado a dos hermanas suyas, Flor y Mireya. En esa casa se observaba un orden y respeto admirable.
Desde mediados del pasado siglo, su fama fue creciendo hasta convertirse en un personaje ya famoso universalmente.
Realizó viajes a las principales capitales del mundo, donde su arte fue muy reconocido. En su itinerario por Londres efectuó interpretaciones ante el Duque de Edimburgo. Pasó temporadas en España y Viena (hoy denominada la Capital de la Música). En su Patria, estuvo vinculado a prestigiosas figuras y conjuntos a saber: Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros, Los fronterizos y varios más.
Entre sus creaciones, todas de muy buen gusto, citaré a “Volveré siempre a San Juan”; “La Tristecita”; “Alfonsina y el Mar” y su obra genial “Misa Criolla”, una adaptación notable de la liturgia enlazada al sentir más autóctono del folklore. A medida que su figura crecía, recibía invitaciones procedentes de los más conspicuos lugares de la urbe.
Ramírez fue el más brillante embajador del folklore argentino y hasta viajó con Mariano Mores a España, colaborando con el tango, nuestra ya indiscutible música ciudadana.
Fueron numerosos los halagos recibidos. En su fértil vida de artista, citaré algunos de sus logros: durante su estadía en Lima (Perú) fue nombrado miembro del Instituto Sanmartiniano y actuó en los maps elevados círculos del vecino país. Fue recibido en visita privada por su santidad Pio XII. Recibió una beca otorgada por el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid para perfeccionarse en las raíces del folklore peninsular. Y muchas distinciones en las capitales que visitó.
Debido a su vasta obra como compositor y músico, es imposible en esta nota volcarla para su lectura en toda su dimensión.
La figura de Ariel Ramírez no ha alcanzado en su país todo el alcance que merece. Ariel no fue ídolo catapultado por los medios y sí un paradigma de dedicación constante, en la búsqueda de la armonía y belleza en su creación. Fue Presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC). A un año de su desaparición física (18-02-10), Flores de Papel le brinda este recordatorio a este artista que Flores tiene el honor de tenerlo como vecino ilustre.

 

Escrito por Nicolas de Borbón

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