Buenos Aires, 27/02/2024, edición Nº 4924
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Flores se transformó en un gran policial

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En el último mes, nuestro barrio explotó de policiales y se transformó en el preferido de los canales y medios masivos de comunicación que ven en la violencia un éxito seguro de rating. Sólo en agosto se mostraron casos de drogas; más gendarmes patrullando el Bajo; se inició el juicio al asesino múltiple del barrio Rivadavia; robaron una confitería en plena avenida y desaparecieron tres niñas menores, entre otros.

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Escribe Roberto D´Anna

Si uno hace una breve recorrida por algunos barrios de la ciudad de Buenos Aires, hoy percibirá que Palermo es un barrio cool, Caballito está relacionado con la nueva construcción, Barracas quiere resurgir, Puerto Madero es lo top, Floresta pelea por su identidad con el avance textil, mientras que Flores es hoy un barrio violento, policial. ¿Por qué llegamos a esto? ¿En Flores, somos realmente violentos? ¿Cómo nos vendemos como barrio? Me gustaría analizar brevemente todas las noticias en las que se habló de Flores durante los últimos treinta días.

Luego del informe judicial, tras 29 allanamientos, se comprobó que el poder de los narcos en la Villa 1-11-14 está intacto. En ese informe, se pudo constatar que los cuatro puestos de venta clave de los narcos, liderados por el peruano Marco Estrada Gonzáles (alias Marcos, preso desde 2007), continuaban operando en su totalidad.

Ni la detención de sus principales líderes, ni la presencia de los gendarmes de la Unidad Cinturón Sur habían debilitado a la organización, que ni siquiera se sintió presionada a cambiar el empaque de su producto: bolsitas de supermercado recortadas y atadas con cinta roja para las dosis de cocaína, y con cinta negra para las de paco.

Según confirmaron desde el Ministerio de Seguridad, se ordenó un refuerzo de gendarmes en el barrio, que supera a los que ya estaban asignados allí: a los 150 que ya patrullaban la villa en tres turnos, se sumaron 200 más, divididos también en tres turnos de ocho horas. Una de las primeras medidas a cumplir fue sacar de los pasillos más calientes del barrio las barricadas que los narcos ponen para evitar ser perseguidos adentro del asentamiento.

El operativo de refuerzo fue bautizado como “Conjuración”, un nombre cuyo significado remite a hechizos y magia. Los nuevos gendarmes fueron ubicados en los cuatro puntos de venta de cocaína históricos del barrio, que vienen funcionando en la villa desde hace por lo menos 10 años, de día y de noche, y cuya existencia no es un secreto para nadie

Segundo tema sobre Flores en los medios masivos. Rodrigo Ezcurra era un estudiante de Filosofía de 27 años que el 11 de abril de 2010, alrededor de las dos de la madrugada, fue asesinado de un disparo en el pecho en el barrio Rivadavia I. Al menos cuatro testigos complicaron a Antelo, e incluso uno de ellos describió haber visto un video grabado con un celular en el que el acusado daba detalles de la ejecución. “Marcelito” habría actuado con un grupo de chicos que nunca fueron identificados y que escaparon tras robarle la bicicleta y un celular al estudiante muerto.

Los abogados de la familia Ezcurra detallaron que el joven recibió un tiro a corta distancia y que no se resistió al robo. Al ser citados ante el tribunal, muchos de los testigos tuvieron temor de reafirmar lo que habían sostenido en la instrucción, según dijeron, porque habían recibido amenazas . Muchos de ellos continúan viviendo en el mismo barrio, el territorio en el que “Marcelito”, según la acusación, desplegó su saga de delitos y homicidios entre febrero y agosto de 2010.

“Yo jamás creí en un santo”, había dicho el jueves Antelo. En el sumario policial del caso figura que, pidiendo protección y drogas, le prometía los crímenes a San La Muerte , un santo pagano con muchos adeptos en la vida carcelaria.

El fiscal Cavalini pasó revista a la larga lista de hechos que convirtieron a “Marcelito” en un personaje temido en el barrio. Hijo de una madre golpeadora y con una abuela alcohólica, la vida de Antelo “comenzó a ser gobernada por las drogas”, y a partir de entonces fue abandonado por su familia. Cavalini dio por probado que fue Antelo quien mató a Ezcurra. También dio por verificado que, dos meses antes, había herido a un hombre en las piernas y matado a otro tras quitarle 1.200 pesos junto a dos cómplices. El 24 de junio, siempre en 2010, le destrozó un brazo a balazos a Darío Romero, un hombre del barrio al que, según el fiscal, intentó matar. A los pocos días atacó a tiros a Jorge Mansilla, otro conocido al que días antes le había baleado la casa. Para entonces, también había intentado matar a un mecánico que terminó simulando un arresto para huir del barrio. Y hubo más muertes.

Tercer tema en los medios masivos. Tras diez días internado, Mauro Martín fue dado de alta en la Clínica Santa Isabel, frente a la Plaza Misericordia, en la cual acribillaron a un hombre a plena luz del día hace un par de meses. Aquella clínica, que en otrora fue modelo, durante varias jornadas de agosto se transformó en un desfile de cámaras y guardias televisivas.

El jefe de la barra brava de Boca recibió un disparo en un enfrentamiento en la autopista Rosario-Santa Fe con la facción que responde a Rafael Di Zeo. Y que mejor idea que traerlo a “descansar” y “reponerse” a unas cinco cuadras de donde vivía Rafa.

Escoltado por varios custodios, finalmente el jefe de la barra de Boca Juniors, Mauro Martín, fue dado de alta tras reponerse de un balazo sufrido en un enfrentamiento con otro grupo de la hinchada en la ciudad santafecina de San Lorenzo, el 25 de agosto pasado, cuando se dirigían a ver el encuentro con Unión.

Cuarta aparición masiva de Flores. Como si esto fuera poco, casi finalizando agosto y en un mismo día teníamos tres menores desaparecidas de sus hogares, que por suerte fueron ubicadas. En este caso, las noticias se superponían, se mezclaban, confundían y algunos prefirieron esconder el tema bajo la alfombra. La desaparición de menores de sus hogares se hace cada día más frecuente en nuestro barrio.

Quinta aparición. Un robo de película fue perpetrado en una confitería de Rivadavia, cuando apenas abría sus puertas. Se trató del “Patio de Flores” (ex Camino Real), que consta de un gran salón y una gran vidriera con murales que retratan el viejo barrio de Flores. Una zona que se vendía al mundo por sus quintas, sus escuelas, su clase trabajadora, sus bellas mujeres y su avenida Rivadavia, un verdadero lujo que hoy se ve opacado con tantos policiales y tanta violencia junta en unas pocas cuadras de una gran ciudad.

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