Buenos Aires, 18/05/2022, edición Nº 4274
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Gigliola Zecchin, Canela, abarca un recorrido de veinte años de poesía que data de su infancia

La escritora reunió su poesía de dos décadas en un volumen que incluye un libro inédito y fotos personales; de la política critica al “partidismo obediente” y la “militancia negadora”
2 de julio de 2021

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Como si cumpliera el encargo de unos versos de Poesía reunida. 2000-2020 (”las páginas vuelan / al don de la intemperie / debería recogerlas”), la escritora italiana residente en la Argentina y vecina de Flores por varias décadas, Gigliola Zecchin (Vicenza, 1942), más conocida como Canela, la destacada periodista cultural, editora y promotora de la lecturaabarca un recorrido de veinte años de escritura poética, un oficio que germinó en la infancia. “La poesía viene de muy lejos, desde los poemas populares que susurraba mi madre hasta los primeros intentos de escritura con el castellano, las cartas de amor en clave de poesía”.

El volumen publicado por Ediciones en Danza lleva un prólogo escrito en segunda persona por la poeta Diana Bellessi e incluye un libro inédito, el más reciente, de 2020, titulado La mejor herida, y un álbum de fotos personales y profesionales. En esas imágenes, Canela aparece en compañía de sus hijas y su pareja, o junto a Mercedes Sosa, Jorge Luis BorgesErnesto Sabato y otros “gigantes” de la cultura argentina a los que entrevistó a lo largo de su carrera. Pero es en los poemas donde se oye la voz de la inmigrante italiana, la hija, la amante y la madre, enamorada, absorta o en duelo, la voz de Gigliola ZecchinPoesía reunida traza el itinerario íntimo de una mujer de dos nombres, signado por la experiencia y el misterio: “el viaje ha sido largo y no sé / si al final heriré / o seré yo la herida”.

-¿Qué reúne Poesía reunida y cómo han sido para usted estos veinte años de escritura de poesía?

-Al libro inédito le siguen en una especie de retrospectiva los cuatro libros editados desde 2000: Paesearte poverain movimentoQué sueño es este -un libro arte acompañado por mis propios dibujos, hecho en Cantabria-, más los imperfectos haikus venecianos escritos para Adolfo Nigro. Esta ha sido una idea del editor Javier Cófreces que propone una lectura desde el presente hacia el pasado. En cuanto a estos veinte años, la poesía viene de muy lejos, desde los poemas populares que susurraba mi madre hasta los primeros intentos de escritura con el castellano, las cartas de amor en clave de poesía. Mi relación con quien ha sido después marido y compañero ha sido por correspondencia, él también escribía poemas. Hubo luego varias ediciones de poemas y cuentos poéticos para niños, y en todo, el goce de la palabra. Solo me descubrí, cuando en plena madurez, la que escribía en recortes del tiempo entre los hijos y el trabajo y en breves recortes de soledad no era Canela, la persona pública: era Gigliola. Han sido años de gran riqueza, de mucho crecimiento, muchas pérdidas. Ya se sabe, el amor y la muerte riegan la tierra de los poetas.

“Volver al libro de papel”, la idea de Lucía y Alma, creadoras de la biblioteca “Alfonsina Storni” en el Museo de Flores

 

“Extraño el teatro, la calle, los viajes, la boca libre para hablar sin barbijo. Soy mayor y hay cosas que quizá no pueda vivir, sueños que no pueda cumplir. Esto duele, un poco”.

-¿Cómo vive esta experiencia excepcional de la pandemia? ¿La escritura y la lectura fueron más necesarias que nunca?

-Más que nunca. Mejor que nunca. Pude dedicarme, más allá de los insomnios y los ratos robados a la exigente demanda del periodismo cultural y a la dedicación de la familia, aunque los hijos ya habían ido eligiendo su camino, a leer libros enteros de un tirón. Pude escribir horas y horas en aislamiento y soledad, sin sentirme tan sola. Ahora se hizo largo; extraño los abrazos, la algarabía, las mesas tendidas, las pijamadas de los nietos y los cumpleaños con los diecisiete que somos. Extraño el teatro, la calle, los viajes, la boca libre para hablar sin barbijo. Soy mayor y hay cosas que quizá no pueda vivir, sueños que no pueda cumplir. Esto duele, un poco.

-¿Cuáles diría que son los motivos predominantes de su obra poética? ¿La nostalgia, el erotismo, la naturaleza?

-La nostalgia, la memoria de la migración, el miedo al abandono. Y la otra cara, la gratitud, el amor, el erotismo, la celebración de la naturaleza. ¿Son muchos temas, verdad? Hay algo central, creo. La perplejidad ante la belleza, la violencia y la muerte.

-¿Cómo se conjugan la editora y la periodista con la escritora y, en especial, con la poeta?

-Todo se fue dando por señales del azar y cierta decisión. Creo que no me dediqué antes solo a la escritura porque fui cobarde. En mi cultura, la producción y el trabajo son vitales. Tuve la educación del esfuerzo. Me mantuve sola desde los dieciséis años. Quería estudiar y era la manera de hacerlo. Aun así, resulté poco académica, autodidacta, en cierto modo.

-¿Cuánta influencia hay de la lengua y la cultura italiana en su escritura?

-Mucha, hay una música en el italiano que es herencia materna. Por eso sigo hablando con las vocales abiertas, como los vénetos y hablo con pausas, a pesar de Vivaldi y su vivaz agitación. Aquí me atrapó la cadencia de la zamba, para siempre.

-¿Cómo ve el periodismo cultural en el país y por qué es necesaria esta rama de la profesión?

-El espacio de la cultura se ha limitado para dar lugar a la espectacularidad de la cultura, que siempre ha sido espectáculo -palabra que viene de mirar, observar- y escándalo -que viene de piedra en el calzado-, porque señala el cambio que a veces es molesto para la sociedad. También se ha democratizado, banalizado, confundido entre las redes. De la cultura, de todos modos, prefiero el sonido y no el ruido.

-¿Cuál es su opinión sobre el valor que se la da a la cultura en la sociedad?

-Estamos viviendo un tiempo anómalo. Los artistas necesitan espectadores, estudiosos, críticos y consumidores, la virtualidad no alcanza. En cierto modo lo aplana todo y nos falta sensorialidad, sensualidad, poner los sentidos en cada experiencia. Además, solo se logra o sobre todo se logra si todos nos percibimos sujetos del arte y y su historia. Ha sido el eje de mi trabajo como comunicadora en el campo de la cultura. En ese sentido, es un trabajo que me hizo muy feliz.

-¿Por qué se sigue escribiendo, publicando y leyendo poesía?

Juan Gelman define la poesía como “oficio ardiente”. Quizá mantiene iluminada una zona del hombre que corre el riesgo de apagarse con tanta tecnología y tanto individualismo. Las palabras vuelven a ser salvajes en la poesía. Se separan de lo dicho y se resignifican. No puedo imaginar un mundo sin poesía. En las cuevas de Altamira, lo vi en las marcas y señales de los antepasados. En el paleolítico en cuevas oscuras, iluminadas por una lumbre de médula. porque no echaba humo. dejaron huellas conmovedoras; aun sin palabras hoy esos mensajes llegan como señales poéticas.

-¿En qué trabaja actualmente?

-Leo, escribo -una novela para adolescentes y breves textos de la infancia-; tengo cuatro libros en edición y eso da trabajo. Me comunico con las personas que quiero; somos una familia extensa, los diez nietos me dicen “abu”, me encanta. Hice nuevos amigos y amigas. Hay participaciones en Zoom. Estoy leyendo a Felisberto Hernández, Borges, Dante, Virginia Woolf, tantos libros que acopié a lo largo de la vida. Y aparecen nuevos autores. De vez en cuanto me atrapa una miniserie, aunque detesto que me atrapen. A los mayores se nos pide que no salgamos. Salgo muy poco, invento recetas. Me gusta bordar. Miro el mundo desde mi balcón. El cielo es cada día distinto, ¿escribirá Dios ese texto? Me entretengo descifrándolo. Saco fotos a las pequeñas cosas y grabo mis cuentos cuando alguna editorial o escuela me lo piden. Participo en charlas y debates. Estoy muy atenta a la política, siempre se puede hacer algo.

-¿Es optimista sobre el futuro del país?

-Comparto una cierta desesperanza. Creo que la nuestra es una democracia acosada por intereses que no conocemos claramente, intereses que nos someten a decisiones que comprometen la vida cotidiana de los ciudadanos de todas las clases sociales y nuestro futuro. Si supiera cuál es la solución, estaría involucrada en la política, pero no me entusiasma el partidismo que, en general, es obediente, y menos aún la militancia negadora. Nunca he sido funcional al poder, que es tan cegador.

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