Buenos Aires, 08/12/2022, edición Nº 4478
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José Ignacio Rucci acribillado por Montoneros por su lealtad a Juan Domingo Perón

Era sindicalista de la UOM. Lo mataron en la puerta de su casa, rodeado de 13 custodios, dos días después de que Perón fuese electo presidente por tercera vez. Su rol en el regreso del exilio del General.
25 de septiembre 2022, 08:10hs

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“Peronista de Perón”, José Ignacio Rucci pagó con su vida la lealtad con el viejo líder en el marco de una época de violencia política cotidiana, como lo fue especialmente la década del 70 argentina. Sindicalista de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), Rucci había sido nombrado en 1970 como secretario general de la CGT y hace 49 años fue acribillado por Montoneros en la puerta de su casa, en el porteño barrio de Flores.

Entre los mensajes que encerró aquel asesinato, hay un par que sobresalen. Uno es que ocurrió el 25 de septiembre de 1973, dos días después de que los argentinos habían vuelto a las urnas para elegir, con más del 61% de los votos, a Juan Domingo Perón como presidente de la Nación.

El otro, que Rucci fue acribillado aun rodeado de 13 custodios que nada pudieron hacer para evitarlo y a las 12 del mediodía, plena luz del día, con la vida social funcionando a pleno. No había horarios ni personajes poderosos que pudiesen evitar las balas y la sangre en aquellos tiempos.

A 49 años del asesinato de José Ignacio Rucci: “Traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor”.
Un par de meses antes del asesinato de Rucci, la agrupación Montoneros se había expresado en forma de cántico en un acto por el aniversario de la muerte de Evita. “Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor”. ¿Quién era Augusto Vandor? Dirigente de la UOM, como lo era Rucci. ¿Y qué le pasó? El 30 de junio de 1969 había sido acribillado en su despacho.

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La diferencia era que Vandor, con Perón en el exilio, había cuestionado al líder. Mientras que Rucci había motorizado su regreso y así se había enfrentado con los que no estaban tan de acuerdo con la “derechización” del peronismo, como Montoneros. La famosa imagen del fallido regreso de Perón bajo la lluvia en 1972, con Rucci sosteniendo el paraguas para que el General no se mojara mientras saludaba, marcó el pulso de la “lealtad” del sindicalista.

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Del dicho al hecho, en este caso, hubo un cortísimo trecho. Apenas dos meses para que se ejecutara la “Operación Traviata”, que nada tenía que ver con la famosa ópera de Gieseppe Verdi sino con la publicidad de la conocida galletita de agua, la de los “23 agujeritos”. La cantidad de balazos que tuvo José Ignacio Rucci en su cuerpo.

A 49 años del asesinato de José Ignacio Rucci: un golpe contra Perón
El regreso de Perón a la presidencia era, supuestamente, la garantía de la unidad y la paz nacional. El peronismo podía tener mil vertientes, pero todas desembocaban en el mismísimo General, quien estaba por asumir por tercera vez la presidencia de la Argentina. Sin embargo, la juventud, los niños de los años 50, habían crecido y estaban también atravesados por la revolución castrista y guevarista de los 60: la única foto admirada ya no era la del viejo Juan Domingo.

Pero para Rucci, que tenía 49, sí lo era. Estaba encolumnado detrás de Perón desde el liderazgo de la CGT sin perder de vista que era un blanco para quienes se encontraban del otro lado. La Argentina de esos años venía derramando sangre, con muertes y sus respectivas venganzas, por lo que el jefe de los trabajadores llevaba una custodia de 13 personas, nada menos. Todos “muchachos pesados” del sindicato, porque Rucci desconfiaba de la policía. Y esperaba a la asunción de Perón para cambiar.

Desde su entorno se lo habían advertido como un error porque en más de una ocasión ya habían sido “tiroteados” y era imperioso cuidarse más y mejor. Y aquel mediodía del 25 de septiembre de 1973, la avenida Avellaneda, entre Nazca y Argerich, actualmente el polo textil más fuerte de la Ciudad de Buenos Aires, fue testigo del asesinato de Rucci.

Todos estaban en sus puestos aguardando la salida de Rucci de su casa. Todos, incluso el tirador (o los tiradores) de Montoneros, en una casa vecina. Rucci no llegó a abrir la puerta del auto que lo esperaba a unos metros del frente de su casa. En la vereda, un segundo después de que un balazo rompiera el parabrisas del coche, generando caos y confusión, las ráfagas de ametralladora lo acribillaron.

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Al día siguiente, en el velorio realizado en la sede de la CGT, Perón y su esposa -y electa vicepresidenta- María Estela Martínez de Perón, lloró a Rucci diciendo “me mataron a un hijo”, después de hacer una lectura política de lo que había ocurrido: “Esos balazos fueron para mí, me cortaron las patas”.

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