Buenos Aires, 23/02/2024, edición Nº 4920
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Lautaro, el vecino del año

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La madre de Lautaro todos los días a la noche escribe una carta que publica en Facebook, explicando avances y retrocesos de su hijo en el tratamiento en Estados Unidos. Al momento de escribir esto, ya se superaban las 180 cartas. Con autorización de su padre, quien estuvo en Flores a fines de noviembre dialogando con nuestro director, Roberto D´Anna, Flores de Papel publica parte de una carta, una de las últimas.

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“Me caigo, me caigo, me voy a caer, si no me levantan, me levantaré…. A ver, a ver, a ver… cantaba María Elena Walsh y yo lo repetía en mi infancia. Mensajes de vida que se afanaba en dejar esta maestra.
“Sin querer nos levantamos a las ocho, los tres nos miramos y ya no teníamos más sueño. Teníamos tiempo suficiente. Lauti desayunó un Pedia sure y una tostada con manteca y dulce de leche. Tomó sus medicinas y partimos al encuentro de la camioneta que regularmente pasa por el Ronald cada dos horas. Llegamos al Children y fuimos directamente al cuarto piso para que le tomen la muestra de sangre. Lo pesaron, está en 39,900 kg. No esperamos los resultados, bajamos al segundo piso a la terapia del habla. Esta vez Diana trajo a otra terapista que habla español para que entable conversaciones con Lauti sobre lugar de procedencia, cantidad de hermanos, actividades que realizan en el tiempo libre, etc.. Terminada la sesión retornamos al cuarto piso. El laboratorio estaba atrasado, tuvimos que esperar dos horas para que llegaran los resultados. Susan los traía. La creatinina siguió bajando a 1,2 y la úrea estaba en 18. Preguntó cómo estaba comiendo y cuánto estaba tomando. Le dije que al tener que concurrir todos los días y durante más de cuatro horas al hospital, Lauti no podía almorzar como correspondía. En cuanto a los líquidos le dijimos que estaba tomando dos Pedia sure diarios (500 ml) y tratábamos de hidratarlo con 1.5 litros de líquidos más. La idea era que la creatinina bajara un poco más, pero querían que el peso aumentara. Si permanecía en el hospital recibiría líquidos que harían descender la creatinina pero la alimentación no sería buena.
“Consultaron con el Dr Prasad pero no respondía el pager ni los mensajes, en la Unidad de trasplante no se encontraba, en el piso tampoco. Por lo cual se reunieron los médicos y nurse practitioner y unánimemente resolvieron darnos permiso para regresar a casa para que coma bien con la promesa de hidratarlo lo más posible. Hoy Prasad me hizo acordar a Dr House. Lo buscan, tratan de encontrarlo, pero nadie sabe dónde está ni qué está haciendo. Luego aparece, da las órdenes y todos le obedecen. Pero hoy no fue así, el acuerdo de todos valió más que la palabra del jefe. Democracia americana. Así que nos retiramos habiendo perdido la van de las 12,15 hs. La próxima pasaría a las 2,15 hs.
“Entonces decidimos almorzar en el Duke. Nos sentamos en las mesitas del patio interno que solíamos visitar durante los pases cuando estábamos internados. Gaby fue a la cafetería y trajo tres porciones enormes de pizza de queso y tomate, una porción de papas fritas y gaseosas. Lauti comió super bien. Además un postre de chocolate, crema y vainilla. Regresamos con la van a tiempo para la clase de Jean. Hoy hablaron de fútbol y de Maradona obviamente. Mientras transcurría la clase nos servimos un café en la cocina y fuimos a tomarlo sentadas en el banco de plaza que está al frente de la Casa. Los veinticuatro grados de temperatura nos animaron a disfrutar del aire libre. Conversamos como dos amigas en el café de la esquina, la diferencia es que estábamos a quince mil kilómetros de distancia de nuestra esquina y por mucho más que unas horitas de distensión. Pero resultó igual de agradable. Regresamos por Lauti y entonces sí…. a dormir la siesta, previo capítulo del libro de los animales. Hoy leímos sobre los insectos y bacterias. Nos levantamos a la hora, merendamos y fuimos a la sala de informática para comunicarnos por skype con casa. A Guada le llamó la atención la cantidad de pelo que le había crecido a Lauti, casi más que antes según ella. En casa Edu estaba cocinando unas hamburguesas a la parrilla en la terraza. Sentí añoranza. Pero falta poquito para que vengan. El viernes se va Gaby, mi amiga, quien llegó en el momento que más la precisaba. Y el martes llegan Edu y los chicos. Ya terminaron las clases y sólo resta el First Certificate de Guada para que puedan venir. Pensando en ellos recordé que mañana hará veinte años que nos casamos en Mar del Plata, un mediodía soleado en el bosque de Peralta Ramos que luego se convirtió en lluvioso, sólo para augurar buena suerte. Un proyecto de vida soñado y compartido desde entonces, disfrutando los buenos momentos y superando los malos juntos, acrecentando nuestras fuerzas. Volver a estar juntos es mi lucecita encendida.
“Mañana debemos regresar a la clínica para control. Prasad quiere nuevos laboratorios y chequear el peso de Lauti. Debimos suspender las terapias en la Lenox. En este momento la prioridad es su salud. Pero hoy ya lo notamos distinto, recuperado, activo. Volvió a ser él, a tener su chispa. A ser el fueguito singular como bien describe Eduardo Galeano. Ya vendrá el tiempo de continuar con la rehabilitación.
“Lauti tiene una virtud, ante cada caída siempre se levanta, es un gran guerrero este pequeñito de eterna sonrisa.
“Señor te agradezco porque escuchas mi ruego de cada noche: Protégelo, cuídalo y cúralo.

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