Buenos Aires, 23/02/2024, edición Nº 4920
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Una innovadora modalidad de atención que derriba los prejuicios sobra la tercera edad

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Muchos prejuicios dificultan la aparición de alternativas más modernas y adecuadas para atender a los adultos mayores. El Defensor de la Tercera Edad porteña Dr. Eugenio Semino, asegura que el fantasma de la internación geriátrica y “la idea de vejez como un lugar adonde todos quieren llegar pero donde nadie quiere estar”, perjudican el surgimiento de nuevas estrategias de cuidado. Lo declaró en una charla abierta en el Centro de Día Comparte y Arte, donde se plantean actividades encaminadas a mantener la salud y la autonomía en esta etapa del ciclo vital.

Los estereotipos negativos sobre el envejecimiento y el desinterés de un sistema que no ve a los mayores como un target apetecible de consumidores han trabado el normal desarrollo de nuevos modelos de cuidado para el adulto mayor. Sólo en pocos lugares del mundo se está modernizando este tipo de atención y en la Argentina, a través de algunas pocas iniciativas que se animan a romper con el molde establecido y dan respuestas a esa necesidad social.

Es el caso del recientemente inaugurado centro de día Comparte y Arte, donde el doctor Eugenio Semino –Defensor de la Tercera Edad de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires– brindó una concurrida charla abierta titulada “El ciclo vital y los nuevos modelos de envejecimiento” como parte del ciclo inaugural de actividades de acercamiento a toda la comunidad.
“Muchos adultos mayores no acceden a un tratamiento o a una atención adecuada por una cuestión cultural, persiste la idea de que la persona ‘en ningún lado va a estar mejor que en su casa’ y que ‘lo otro’ es la internación geriátrica –reflexionó Semino–. Nada remplaza al afecto que la persona necesita, pero ese afecto tampoco remplaza la necesidad de una atención y un cuidado profesionalizados”. Paradójicamente, agrega, esa relación de afecto suele ser lo primero que se pierde cuando hay una discapacidad y su cuidador, agobiado por la responsabilidad y sin recibir ayuda, ‘tira la toalla´.
El modelo innovador del nuevo Centro de Día, ubicado en la esquina de las avenidas Francisco Bilbao y Carabobo, cuya área geriátrica cuenta con la dirección del doctor Roberto Pereyra, se basa en el trabajo de un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud, artistas y talleristas que busca dar respuesta a una necesidad social: “Nuestro propósito es cubrir una demanda real, algo desde nuestro trabajo de años con los adultos mayores en otras instituciones venimos viendo que hacía falta –resumió el doctor Pereyra, quien además es el Jefe de la Unidad de Geriatría y Gerontología del Hospital Piñeiro y miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG)–: un lugar realmente cálido y divertido de vinculación, es la forma más seria de trabajar en el cuidado integral de la salud y es la manera en que nunca se debió dejar de atender a nuestros mayores”.

El “mandato” y la frustración
Arraigado en especial en las familias latinas –como las argentinas- subyace un prejuicio sobre la tercera edad que ha impedido el desarrollo de alternativas más adecuadas para atender las necesidades a toda edad: “Existe una moralina del siglo XVIII que dice que a los viejos hay que cuidarlos en la casa, y que sea la mujer de la casa quien se encargue de ellos –remarca el doctor Semino–, lo que lleva, en principio, a ratificar un concepto de dependencia femenina no visualizado socialmente ni siquiera por los sectores más feministas, porque es un fenómeno de puertas adentro, pero hay cientos de miles de mujeres que viven encerradas en sus casas por hacerse cargo de la discapacidad de un adulto mayor”. Esa dependencia conlleva a su vez una relación de maltrato mutuo, de “burn-out” de la cuidadora, que no ha sido capacitada para esa ardua tarea y que siente relegada –las relaciones, la crianza de sus hijos, el trabajo, la sexualidad–, y de deterioro del anciano que no está recibiendo la atención adecuada.
Esa persona necesita cuidados especiales atendiendo a su situación personal: no es un enfermo terminal, sino que probablemente le quedan muchos años más por vivir. A veces las demencias o el deterioro cognitivo hacen las cosas aún más difíciles para el paciente y para el cuidador, que además suele recibir fuertes presiones y reproches del entorno familiar que, sin hacerse cargo, no hace más que señalarle sus errores.
Semino cree que toda esta presión social es sostenida en parte por los Estados –no sólo en la Argentina– que así evitan hacerse cargo de estos sectores prácticamente excluidos, pero también del resto de la sociedad (incluso de las empresas), que no han desarrollado servicios adecuados para estas circunstancias tan comunes de la vida. En este esquema binario donde todo es blanco o negro, “activo” o “pasivo”, no parece haber lugar más que para esa suerte de reclusión domiciliaria, o la internación geriátrica. Los hogares de día públicos de la Ciudad de Buenos Aires –de los que actualmente existen 23– son una alternativa implementada recientemente para empezar a cubrir esos huecos desde el Estado, pero la demanda de la sociedad los torna muy limitados: “Cada persona que ha estado trae por recomendación a otras cinco, con lo que es muy difícil que estos centros puedan darle la misma respuesta a todos”. De manera que consideró muy saludable que la actividad privada pueda ofrecer alternativas de calidad conformes a las nuevas tendencias, lejos del modelo de atención geriátrica predominante, “de carácter asilar”.
También para el doctor Semino, la visión negativa y negadora de la vejez es otra de las razones principales por las que faltan –tanto a nivel público como privado– servicios adecuados para todas las edades de la vida: “Incluso es muy difícil explicarle al público el concepto de lo que significa un centro de día”.

La plasticidad cerebral
Por otra parte, la investigación médica de avanzada ha venido desmintiendo –recién en los últimos años– la creencia de que todo ser humano viene al mundo con una capacidad cognitiva prefijada por una determinada cantidad de neuronas, y que a medida que pasan los años no le queda más que ir perdiendo células nerviosas –y por lo tanto, perdiendo capacidad cognitiva– sin posibilidad de recuperarlas.

Recientemente se descubrió que el cerebro tiene cierta capacidad de reorganizarse para preservar capacidades cognitivas, a la que se conoce como plasticidad neuronal; y se sabe, también, que ciertas actividades permiten estimularla. El descubrimiento de la plasticidad neuronal ha cambiado mucho las posibilidades en la rehabilitación cognitiva y en la preservación de la salud y de la autonomía: “Esto nos ha permitido conocer el porqué de la importancia de la estimulación, y nos ha servido como base, por ejemplo, para ampliar las posibilidades y la eficacia de ciertas actividades”, explica el doctor Pereyra.
“Buscamos la estimulación cognitiva, básicamente, a través del arte. Con nuestro equipo de médicos, psicólogos, terapistas ocupacionales, artistas plásticos y profesoras de teatro, que además son dramaturgas, planificamos para este centro de día toda una serie de propuestas –talleres de artes plásticas, de teatro, grupos de cine-debate, expresión corporal, baile– donde el objetivo es la recuperación y el mantenimiento de las funciones cognitivas”, explica el doctor Pereyra, que define a esta metodología general de trabajo como “un gran taller de recuperación de la memoria”.
Se refiere a la memoria como capacidad cognitiva, pero también al reencuentro con las propias capacidades, “algunas que por la inactividad se creían perdidas, y también otras que la persona ni siquiera sospechaba tener”, apuntó. Cada adulto mayor, al llegar, es recibido junto con sus familiares en una ronda de entrevistas con el equipo profesional, tendientes a adecuar la propuesta a sus necesidades y su estado de salud física y psíquica, y a recomendarle en base a eso las actividades más apropiadas.
La “píldora mágica” capaz de mantenernos sanos y lúcidos no existe, y todo es cuestión de comenzar el trabajo a tiempo: “Esta estimulación puede hacer mucho más lenta la pérdida en los casos en que hay deterioro cognitivo, sobre todo cuando se realiza tempranamente –señaló por su parte el Defensor de la Tercer Edad– por lo que este tipo de centros se vuelve esencial, también, en su función de diagnóstico precoz”.
Por otra parte, el encuentro con los pares –que en este centro de día se trabaja a través del Taller de Encuentro, en un agradable clima de café- suele producir un efecto inmediato para quienes se sentían aislados. Así las personas pasan el día, en un marco de intervenciones terapéuticas multidimensionales que promueven además a la integración, las relaciones interpersonales y el buen humor, de modo de poder regresar por la tarde a su ámbito familiar, al que vivirá desde otro lugar y con menos condicionamientos. “El envejecimiento no es una cuestión de elección, sino de tiempo –destacó el doctor Pereyra–, de manera que lo que tenemos que hacer es que lo pasen lo mejor posible”. Y el primer paso es la apertura hacia la comunidad, que con los adultos mayores tiene varias cuentas pendientes.

Para mayor información www.comparteyarte.com.ar

Acerca de Comparte y Arte

Este nuevo Centro de Día está conformado por un equipo de profesionales interdisciplinario, cuyo objetivo primordial es lograr integrar a las personas adultas mayores al mundo actual, tan distinto del que vivieron ellos. En Comparte y Arte trabajan médicos, geriatras, artistas, psicólogos y talleristas convencidos de que cuando ya no queda tiempo para algunas cosas, paradójicamente sobra para muchas otras.
La propuesta es, mediante las actividades artístico terapéuticas, facilitar la inclusión del sujeto, potenciar su capacidad creativa en diferentes artes, sumar calidad y sentido al tiempo libre que debiera disfrutarse en esta etapa de la vida, manteniendo sus vínculos actuales, construyendo otros, dándole un sentido de pertenencia y evitando el aislamiento social.

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