Buenos Aires, 16/04/2024, edición Nº 4973
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Viviana Ravelli: La vecina que le dió vida a Flores

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Buenos Aires le debe más de un paseo a Viviana. Hay divisa extranjera que ella hizo entrar a la Ciudad Autónoma con sus visitas guiadas de corte turístico cultural. El canon completo pasó por su olfato para armar itinerarios: le debemos los circuitos de Borges, Cortázar, Marechal, el Flores de Conrado Nalé Roxlo, Alejandro Dolina, César Aira, etcétera. También un recorrido sobre Roberto Arlt. A Pascal todo esto le importaría nada porque el francés creía que la infelicidad provenía de la imposibilidad de quedarnos quietos en una pieza. ¿Pero qué pasa con el turista argentino estándar, esa clase de gritón famoso por el deme dos y por creer que en Italia jamón se dice camone ? Puertas adentro, ¿cómo son los argentinos que hacen cinco cuadras de cola en Toledo para ver un cuadro de El Greco, y acá no se mueven ni hasta Glew para ver la capillita de Soldi?

¿Viviana Rivelli trabaja para nosotros o para los extranjeros que nos visitan? “Durante más de 40 años he trabajado en la actividad turística y me sorprendo de que la gente del lugar, el porteño, no conozca qué hay en sus propios barrios. Si hacemos una visita guiada por Caballito y vamos a una escuela primaria que se llama Urquiza, y fue patrocinada por Benito Quinquela Martín y por el mismo Soldi, la gente de la zona, no toda, desconoce por completo un lugar con estas características y esta riqueza patrimonial (…) Actualmente estoy guiando el museo Xul Solar, paseo que se combina con el Museo Borges, en Anchorena 1660. Bueno, hay vecinos que ni saben de su existencia”.

¿No saben o no les interesa? “No lo saben. Una vez que se enteran quedan fascinados. Hay inquietud. Hay motivación. A veces, lamentablemente, tiene que ver con nuestra cultura: si viene alguien de afuera, se lo endiosa; si sos de acá, no se valora. La gente que tiene posibilidad de viajar, ve lo de afuera como algo superior. Sin embargo, creo que el argentino que viaja no se quiere perder nada porque no sabe si volverá. Cuando vivís en un lugar es cierto que podés darte el lujo de desconocer, sabiendo que siempre existirá la posibilidad de revancha”.

Todos mencionamos a Borges, incluso algunos hablando de sus novelas, pero sólo un alemán puso el grito en el cielo por “la profanación”, dijo, de la manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. ¡¡¿¿Dónde está Serrano!?, preguntaba el alemán, ¡¿dónde esta la Fundación Mítica de Buenos Aires?!

“Serrano ahora se llama Borges”, le respondieron tímidamente. Viviana dice que el circuito de Borges fue una iniciativa suya supervisada por María Kodama. Se le cuenta del alemán pasmado, y ella hace su descargo: “El recorrido original tenía 81 lugares. Analicé prácticamente toda la obra de Borges según los lugares que citaba de la ciudad. La idea era hacer un circuito en bus que durara alrededor de tres horas. Tuve que reducirlo a 14 porque me dijeron que si no era interminable. Yo me centré en la antigua Biblioteca Nacional de la calle México –que Borges dirigió–, y en el Palermo de Fundación Mítica de Buenos Aires, pero no tengo nada que ver con el cambio de nombre de la calle. Ese fue un problema que se ha planteado en la Legislatura. Lo mío es más humilde, de todos modos pienso que se trató de un lindo homenaje”.

Viviana fue “alambrando” la ciudad muy de a poco. No puede hablar de cuadras ni de kilómetros trabajados. “Nunca lo pensé en esos términos. Sí sé que abrí el juego hacia barrios que no eran tenidos en cuenta. Yo empecé con Barracas cuando nadie iba a Barracas. Al Pasaje Lanín, que ahora es conocido, lo puse de moda junto al artista plástico Marino Santa María. Flores y Floresta también eran barrios apagados hasta el año ‘91, ‘92. Fui muy criticada, me dijeron de todo por tratar de que Flores estuviera más considerado. Hablaba de todos los escritores del barrio, y conjugaba un César Aira con La Basílica San José de Flores. Ahora, con el Papa es fácil, pero antes …” Empezó por los teatros de Buenos Aires, allá lejos, un recorrido por Corrientes que incluía hasta una mínima representación leída. Allí donde algunos sólo vemos topografía o Starbucks, ella ve acontecimiento, anécdota, leyenda, mito. “Me interesa la piel de la ciudad –dice–. Cuando arranqué no estaba desarrollado el punto de vista turístico de la ciudad cultural. Las visitas guiadas las realicé por mucho tiempo. Di clases. Empecé a trabajar en lo que era la Dirección General de Turismo, había un curso muy bueno de especialización para guías de la Ciudad. Lo hice. Excelente. Lo mío, lo que yo he investigado, se puede decir que son los circuitos turísticos culturales”.

En el cuento El mundo es nuestro, el escritor, periodista y flaneur Alejandro Stilman escribió: En realidad, el turismo actual es la industria de la huida, de la fuga, de la desesperación disfrazada de glamour (…) En lugar de despachar buques tanque cargados de petróleo o partidas de armas para alguna guerra que evite un parate de la producción, esta industria –la del turismo– desplaza toneladas de carne humana.

Viviana, que tiene la frescura de una rosa recién regada, se espanta un poco alzando las cejas, abriendo los ojos. Callando.

 

Fuente: Clarín

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