Buenos Aires, 20/04/2024, edición Nº 4977
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Vida Saludable

¿Puede ayudarme una psicoterapia?

La pregunta seguramente fue formulada por infinidad de personas, al menos alguna vez en su vida. Sobre todo frente a vivencias negativas como pueden ser fracaso personal, intensa angustia, desvalimiento, o las que producen las así llamadas “crisis vitales”.

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Escribe Dr. Ariel Falcoff

La pregunta seguramente fue formulada por infinidad de personas, al menos alguna vez en su vida. Sobre todo frente a vivencias  negativas como pueden ser  fracaso personal, intensa angustia, desvalimiento, o  las que producen las así  llamadas “crisis vitales”.

En muchas ocasiones  esa pregunta abrió la posibilidad de iniciar un tratamiento encontrándose, de este modo alguna clase de respuesta personal. Muy probablemente positiva, en el caso de un tratamiento exitoso, o por el contrario,  decepcionante si ese proceso terapéutico no  ayudó.

Sin embargo, en muchos otros casos, el tratamiento nunca fue iniciado. ¿Las causas? Son realmente muy variadas. Sin embargo, un estribillo suele escucharse como suerte de explicación “todo terreno” : “Yo no creo en las terapias”…

Personalmente, no creo conocer alguna otra rama de las ciencias de la salud  donde quede así involucrado para el imaginario social, algo del orden de la creencia. No se me ocurre posible que alguien en uso de sus facultades planteara por ejemplo: “no  creo en las resonancias magnéticas” o “no voy a hacer el tratamiento, porque no creo en los antibióticos”.

¿Porqué  entonces las psicoterapias (lo digo en plural, dada la gran variedad de intervenciones que están implicadas) presentan este lugar controversial para la sociedad?

Desde un punto de vista académico, en muchas ocasiones se explica tal cuestión  por  la existencia de fenómenos resistenciales, que suelen desencadenarse por la confontación con conflictos internos angustiantes, propiciada por algunas formas de psicoterapia . Serían, entonces, estas resistencias las que funcionarían generando el espúreo “descrédito popular” de las psicoterapias en general, y del psicoanálisis en particular.

En mi opinión, el fenómeno aludido no solo existe, sino que es muy visible en ciertos casos. Sin embargo, no creo que sea la única causa por la cual las personas a veces descrean, o confíen solo tibiamente en las terapias. Considero que probablemente seamos, a veces, los propios terapeutas los responsables.

¿Podemos descartar la queja de  muchas de las personas que se decidieron a iniciar un tratamiento, respecto a encontrarse con un profesional que parece mas dispuesto a incomodarlos con su silencio que a contenerlos? ¿No existen casos en los cuales el proceso deviene en una simple descarga catártica, respondida por simples “concejos amistosos” sin mayor posibilidad de profundización? O por el contrario, ¿no hay tratamientos donde los señalamientos resultan tan crípticos y oscuros que el paciente solo atina a pasarlos por alto?  Seguramente la lista de errores técnicos comunes es innumerable. Pero sería un lamentable error descreer por esto de las posibilidades de verdadero alivio y crecimiento personal que una terapia puede ofrecer (incluso mas allá de la línea teórica a la cual adscriba el profesional). Alivio y crecimiento que son especialmente significativos cuando el tratamiento es llevado adecuadamente,  “sintonizando”  las necesidades del paciente individual y el proceso terapéutico que el profesional propone.

 

Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta
Presidente del Capítulo de Psiquiatría
Asoc. Argentina de Salud Mental (AASM)
Prof. Titular de Psicopatología Univ. Nac. de San Martín (UNSAM)

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