Buenos Aires, 22/05/2024, edición Nº 5009
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Coronavirus: el Barrio Padre Ricciardelli superó en casos a la villa 31

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(Barrio de Flores) Hace meses que para los vecinos de toda la Ciudad pero especialmente para los del Barrio Padre Ricciardelli salir de sus hogares es una experiencia riesgosa. Aquí, a medida que pasan los días el coronavirus y la crisis económica avanzan en paralelo.

Durante los meses de pandemia, tal vez hasta fin de mayo, el enigma de la ex villa 1-11-14 del Bajo Flores, giraba en torno al número de vecinos fallecidos. Tenían menos de la mitad de casos confirmados de coronavirus que la Villa 31, pero más del triple de muertes. Ahora, esa relación entre los convalecientes, y aquellos que no pudieron sobreponerse a la enfermedad, adquirió otra dinámica. Por primera vez, superó en casos al barrio popular de Retiro: hasta este miércoles, según datos del Ministerio de Salud porteño, el Barrio Ricciardelli tenía 2685 contagios contra 2668 de la Villa 31. Aún es la villa porteña con más muertos: 44. Mientras que en la 31 ese número llega a 32.

Mucha gente no está yendo a hisoparse. Después de que se hicieron públicas las imágenes de lo que pasó en Costa Salguero, que era algo que ya se sabía, la gente quiere ir menos a hisoparse. No quieren que los aíslen. La situación es difícil en todo sentido, recomponer esto va a llevar un par de años”, explica Miguel Lezaun, subcoordinador operativo de Gestión Comunitaria de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, que recorre a diario el barrio y conoce en profundidad las necesidades de los vecinos. Él se refiere a los disturbios del martes pasado en ese centro de aislamiento.

La vuelta a esta nueva versión de la fase 1 de la cuarentena generó un impacto negativo en el estado de ánimo de los vecinos, pero no se ve una merma en la circulación de gente por las calles y pasillos. Sobre Bolívar, un pasaje comercial, los locales de comida, indumentaria y accesorios, casi en su totalidad, están funcionando con normalidad.

“Y sí, la gente no da más, hacen fila desde las 8 en los comedores para conseguir un plato de comida. Y el que tiene un local necesita trabajar”, dice Azucena Rojas, de 45 años. Ahora ella está sobre la avenida Rivera Indarte y Riestra. A unos metros, hay un grupo de obreros que están trabajando para arreglar la red de agua. Hace cinco días que las manzanas 20, 21, 22, 23 y 26 no tienen agua de red, luego de un gran corte del suministro que se registró la semana pasada. Aysa puso a disposición camiones cisterna para que los vecinos llenen sus baldes. Entonces, a la fila para conseguir comida también se le sumó la que forman para juntar agua. Y todo esto en el marco de una pandemia.

De los pasillos salían los vecinos para ver cómo evolucionan los arreglos. Por la falta de agua, el miércoles se escuchan algunos gritos y era evidente la dificultad para respetar la distancia entre personas. “Mi manzana está seca, seca”, dice Juan Choque, de 45 años.

La gente está mal, están a la buena de Dios”, señala Rojas, que vive en el barrio y trabaja en el comedor San Francisco y Santa Clara de la parroquia Madre del Pueblo. Sus noches terminan tarde y el día lo arranca bien temprano. Dice que por la falta de trabajo la inseguridad recrudeció, y muchas veces se escuchan tiros y gritos a la madrugada. “La inseguridad está tremenda. Y si la gente no tiene laburo. Acá, cuando empezó la cuarentena todos estaban con mucho miedo al virus, pero el tema de la falta de plata ya le está ganando al temor. Hay mucha falta, nosotros, por ejemplo, recibimos 60 kilos de carne por día y con eso le damos de comer a 400 personas. ¿Cómo hacemos? Cortamos todo bien chiquitito”, se lamenta Rojas mientras forma un círculo pequeño con sus dedos, para mostrar lo poco que se lleva cada vecino.

A pocas cuadras de ahí, está la plaza Chapatin. Es un pulmón de la manzana nueve, en donde algunos juegos infantiles se hacen lugar entre los autos estacionados. “Necesito la mercadería con urgencia“, exclama Gregoria Canavieri, con el celular frente a su boca para enviar un audio de WhatsApp. Ella es una mujer menudita, que lleva puesto un gorro de polar, un buzo bien abrigado y un delantal de cocina. Está al frente del comedor La Milagrosa, que hace honor a su nombre. De ahí comen 800 personas por día solo al mediodía, cuando las raciones que reciben son para 700. El lugar pertenece al Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón.

Según dice, a las 12, la fila suele dar la vuelta a la plaza, por ahora, a las 11, solo hay unas 10 personas aguardando su turno, incluyendo algunas mujeres con bebés en brazos. Canavieri les desinfecta las manos con alcohol, luego les sirven la comida y se van. Este es un ciclo que se repite a diario desde antes de la pandemia, solo que ahora vienen todos, “incluso viene gente que tenía trabajo en alguna empresa”, dice Canavieri.

En diálogo con La Nación, Gabriel Armando Battistella, subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria del gobierno porteño, explicó que la situación y evolución del virus SARS-CoV-2 en el barrio es diferente a la 31. “Acá nunca tuvimos una situación de desborde como en la 31. Nunca tuvimos la sensación de que íbamos en ascenso o que se generaría un pico. Sino, que se da una situación de una meseta con un promedio constante de casos, que no sube, pero tampoco baja”, dijo el funcionario y explicó que la forma de propagación del virus en este barrio se da en focos que incluyen dos o tres manzanas por vez.

La circulación del virus en la villa 1-11-14 es totalmente fragmentada. Hay subzonas con casos que no se conectan entre sí. Entonces, cuando empieza a haber circulación en una de esas subzonas se contagia toda, pero como no hay circulación con las otras áreas, no pasa”, completa. “El virus ya circuló en más del 70%, en una o dos semanas ya debería terminar de circular en todas las subzonas”, adelantó el funcionario, aunque se mostró cauto al momento de afirmar si luego de eso el barrio quedaría en una situación similar a la villa 31, donde casi no hay circulación viral.

Ante la consulta por la mayor tasa de letalidad en este barrio vulnerable respecto a la 31, analizó: “Tuvimos muchas muertes ni bien comenzaron a aparecer los primeros casos. La mayoría de los fallecidos, eran personas consideradas dentro de los grupos de riesgo. No encontramos una causa en común en el análisis del propio barrio”.

Sobre el faltante de agua registrado la semana pasada en el barrio, algo que había sucedido también en la Villa 31 a fines de abril, explicó: “Sí, entendemos que las condiciones del propio barrio presentan un nivel de hacinamiento muy importante y las condiciones sanitarias de agua y servicios no son iguales que en la Villa 31. La situación acá es peor. Pero, en el caso puntual del faltante de agua, no vimos un posterior crecimiento de casos positivos por este tema”. NR

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