Buenos Aires, 20/05/2024, edición Nº 5007
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No creo que exista deporte colectivo más violento que el Rugby… sin embargo

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Sin embargo, los fallos del juez son inapelables; ningún jugador reclama o discute con él. Obviamente, la posibilidad de que alguno se le vaya encima o le increpe, definitivamente, no existe. Si Ud., nunca vió Rugby o desconoce las reglas del juego, repare en el detalle que le menciono. Es un deporte de fricción constante, de golpes constantes, a veces, algunos asestados con extrema violencia, al punto “de preguntarse uno”, como es posible semejante resistencia por parte del receptor de ese o esos golpes. Días pasados, en un reportaje realizado al actual capitán de Los Pumas, Felipe Contepomi, se le preguntó si se hallaba totalmente repuesto de una  fisura de costilla flotante que le dejara fuera del último partido. Él respondió que no estaba totalmente repuesto pero que se encontraba en condiciones óptimas para jugar…(sic) “si no estoy convencido que voy a poder jugar los 80 minutos, no entro a la cancha”, fueron sus palabras con un dejo contradictorio. Sin embargo no tuvieron nada de contradictorias. Al jugador de Rugby, finalizado un encuentro le duele todo…hasta el alma, le diría. Esos golpes que Ud. ve, dejan como secuela ese dolor que se suma al otro dolor por otro golpe, y así sucesivamente. A veces suele ocurrir que en el fragor de “la lucha”, ya que se trata de una verdadera lucha, algún jugador suele reaccionar, y entonces no falta el golpe a modo de puñetazo, normalmente respondido. Difícilmente un jugador sea expulsado del campo de juego por ésta circunstancia. Si en cambio, lo puede ser por algún golpe artero e innecesario que el juez estime aplicó a un adversario durante el desarrollo del juego. Finalizado el mismo, los jugadores se saludan hasta con afecto, ya sea festejando la victoria, o lamentando la derrota. En los torneos locales que se llevan a cabo en nuestro país, finalizado el partido se comparte un asado, una copa de champagne, o lo que fuera. Se trata en definitiva de un deporte, y así lo interpretan sus protagonistas. Seguramente a ésta altura del relato, Ud. ya se habrá preguntado varias veces…”a dónde quiere llegar este tipo”. Tranqui; ya llego. Sea Ud. hombre o mujer, seguramente ha visto un partido de fútbol. También se trata de un juego de fricción, nunca al extremo del antes mencionado. Es más; un tacle, que para el primero es moneda corriente y hasta la “esencia” del juego, para el segundo implicaría la expulsión inmediata del autor. Sin embargo en fútbol, casi toda decisión arbitral, es discutida por uno o más jugadores, quienes se expresan a los gritos, y hasta con gestos a veces demasiado elocuentes. La sanción de un penal, evidente o no, implica que el árbitro sea rodeado por los jugadores del equipo sancionado, y por lo general no faltan los empellones, aun a sabiendas que el fallo no se habrá de modificar, y a riesgo de que algún jugador sea expulsado por agresión verbal o física hacia ese juez o referí.

¿Se trata de una cuestión de educación?. Absolutamente. Se trata de una cuestión de educación, cuyo resultado podrá  Ud., trasladar al ámbito que más desee. Por lo general, el jugador de Rugby es o ha sido estudiante universitario. El jugador de fútbol, en cambio, excepciones hechas al margen, generalmente no ha podido completar el ciclo secundario…algunos siquiera han tenido la posibilidad de iniciar el primario.

Pero, la pregunta sería…¿y qué pasa con el público?, o ¿por qué el público de Rugby tiene otro comportamiento, diferente al público de fútbol?. Sencillamente porque los ámbitos son diferentes, o quizá y para mejor decir, a una cancha de fútbol concurren personas con distintas culturas, educación, pertenecientes a los más variados estratos sociales. Pero por sobre todo, en nuestro país, el fútbol es “pasión de multitudes”…lo habrá escuchado decir miles de veces. Y la pasión, no es otra cosa que la alteración del ánimo. El alma se altera y entonces, cualquiera tipo de reacción es posible. En el Rugby como en cualquiera otro deporte, la cosa es distinta. Se puede vivir apasionadamente, pero nunca al extremo de perderse la cordura; ni hablar de la condición humana. La educación, que poco tiene que ver con la condición social, juega un rol esencial. Una buena educación, también hace posible controlar esa pasión.

¡Ahora soy yo quien se pregunta a que viene todo esto!. Espere. Deme tiempo de saltar la laguna y enseguida se lo digo. Ya tá. Viene a que en nuestro país, el fútbol congrega a la mayoría de la gente, en cambio el Rugby, a muy poca.

Ricardo Jorge Pareja

parejaricardo@hotmail.com

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