Buenos Aires, 27/02/2024, edición Nº 4924
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Jorge Piva: “se necesitan cambios en el sistema de salud”

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(Barrio de Flores) Todo es nuevo y luminoso en el espacio en el que Jorge Piva, director general del Grupo ASE, recibe a LA NACION. En octubre pasado, el grupo integrado por la obra social de ejecutivos Acción Social de Empresarios (ASE), la prepaga Medifé y la compañía Solidez -que ofrece cobertura de prácticas de alta complejidad a pequeñas empresas de salud del interior-, inauguró el remodelado Sanatorio Finochietto, en la esquina porteña de Av. Córdoba y Ecuador.

Nada es tan nuevo, sin embargo, en el diagnóstico del tema del financiamiento del sector. Piva afirma que los aranceles de los prestadores de servicios y las cuotas de las prepagas acumulan un retraso de 10%, sin contar el efecto de la devaluación reciente que impactó con fuerza en la compra de insumos. Reconoce que, en tal situación, médicos y trabajadores sufren la postergación del valor de sus honorarios y salarios.

Por estos días, las prepagas negocian con el Gobierno una autorización para una suba de cuotas.

Pero quien está a cargo de ASE -que en 2013 facturó $ 3310 millones y que suma poco más de un millón de beneficiarios- sostiene que se necesitan modificaciones de fondo que le den eficiencia al gasto y que saquen al sistema del lugar en el que quedó “entrampado”. Advierte: “Hay que debatir cómo hacer para que la salida no sea sólo el aumento de las cuotas, porque sino llega un punto en que la gente se cae del sistema”. Para el directivo, un problema es la alta fragmentación de los financiadores de la actividad, algo que lleva a “una fuga e ineficiencia en el gasto”. Para ordenar, señala, hace falta que el Ministerio de Salud esté en el centro de la escena y que se reduzca el trabajo en negro.

Piva afirma que en 2013 el sector cerró sus cuentas casi sin rentabilidad y agrega que, si no es posible hacer inversiones, a la larga se resentirá la calidad del sistema.

El nuevo Finochietto es un edifico de 17.000 metros cuadrados, con 130 habitaciones de internación general y diez quirófanos, y con una arquitectura ecosustentable que implica, entre otras cosas, la reutilización de aguas grises y pluviales.

-¿Cómo se pagó esta obra?

-Esta es una obra de unos 600 millones de pesos si se suma el valor del terreno, el edificio y sus instalaciones. El edificio se hizo entre 2010 y 2013, en una parte importante con plata del grupo, para el que siempre fue un deseo tener un sanatorio de esta categoría. Tuvimos un apoyo importante de la banca pública; nos dieron un crédito del Bicentenario por 40 millones de pesos y 15 millones nos prestó el banco Ciudad. Hubo un esquema virtuoso que articuló lo público con lo privado y además, contamos con asesoramiento de la Superintendencia de Servicio de Salud; pedimos que se nos asistiera desde la APE [la Administración de Programas Especiales, que reintegra a las obras sociales gastos por determinados tratamientos médicos] que tenía una deuda muy grande.

-Según las entidades de clínicas, la devaluación dejó subas en los insumos de hasta más de 40% y agravó el retraso de los aranceles cobrados a obras sociales y prepagas; ahora que el grupo es prestador, ¿cómo ve la situación?

-El retraso se agravó en las últimas semanas por la devaluación, que impacta directamente en insumos importados, materiales descartables y medicamentos. Habrá que ver en qué valor se estabiliza el dólar y cómo quedan los precios; por ahora quedaron altos y se está a la espera de acuerdos del Gobierno, para ver si se pueden retrotraer. Hubo una situación bastante generalizada, que fue que los proveedores dejaran la mercadería con un remito y sin precio; hay que esperar a que decante todo. Se está trabajando a nivel de la Jefatura de Gabinete y las entidades de salud tienen un diálogo abierto e intenso con las autoridades del área. Con el stock no tuvimos problemas.

-¿En cuánto se estima ese retraso de aranceles de las clínicas y de las cuotas de las prepagas?

-Hay un rezago de 5 o 6 puntos, más lo que falta compensar de la paritaria en curso; el retraso es de alrededor de 10% más los efectos de la devaluación.

-Desde hace años el sector afirma que necesita tal porcentaje de suba de cuotas y desde el Gobierno se autoriza menos y con rezago, ¿qué efectos tiene eso?

-Hay una discrepancia sobre el impacto que la paritaria de la sanidad tiene en la estructura de costos. La visión del Gobierno es que por cada punto de la suba salarial el impacto en el costo total es de 0,8 y la visión del sector es que la relación es 1 a 1, porque la paritaria termina organizando también todo lo que no es salarial. En los últimos años se ha podido funcionar, pero si se proyecta la diferencia, a la larga se genera un problema grave y la consecuencia sería que el servicio decaiga. Esta es una actividad con una rentabilidad muy apretada. Es complicado, pero yo soy optimista. El sector genera empleos, atiende bien a la gente y está la sensación de que la cuota es alta; uno queda en el lugar odioso de decir que no nos alcanza.

-¿De cuánto es la rentabilidad?

-El año pasado el sector cerró en un punto de equilibrio; se habrá arañado un punto. Antes había entre 3 y 4 puntos de rentabilidad. Para este año la expectativa no es que la economía crezca a tasas chinas, y esta industria creció mucho en los últimos años por la expansión del empleo y la venta de planes corporativos. Pero soy optimista y creo que vamos a poder recuperar la capacidad inversora.

-Por los reclamos que hacen, se entiende que se piensa llegar a un equilibrio con la suba de cuotas, ¿no hay maneras de mejorar la ecuación por fuera de eso?

-Sí. Un tema es que el sistema de salud está muy fragmentado, hay un archipiélago de distintos financiadores y el Ministerio de Salud está corrido del centro del sistema, con muy pocas competencias. Creo que una reforma por hacer es reinstalar al Ministerio en el centro del sistema nacional, para que pueda articular lo público y lo privado con los beneficios que se obtienen cuando se ordena algo, que haya sinergia y no se malgaste. Cuando hay desorden hay fuga e ineficiencia en el gasto. Países como Uruguay, Chile y Brasil trabajan en cuestiones de fondo, en consenso con las entidades del sector y fijando protocolos de atención médica para un listado de enfermedades. Un punto importante es que en un país como el nuestro, con ingresos no homogéneos, debe haber vasos comunicantes y una presencia muy sólida del Estado para que todos los argentinos reciban la misma calidad del servicio; eso se logra si el Ministerio está en el centro de todo. Es también muy importante el combate al empleo en negro, que está muy alto; imaginemos un sistema de seguridad social con 10 puntos más de empleo formal… Sería para celebrar desde el punto de vista humano y de igualdad de derechos, pero también desde el punto de vista de la eficiencia de los sistemas jubilatorio y de salud.

-¿Sería útil un seguro universal que le cubra a toda la población los tratamientos más costosos?

-A mí me gusta, pero hay jugadores del sector que no están convencidos. Para mí sería bueno estudiar a fondo todo lo que tienda a centralizar y a universalizar; hacer por ejemplo la compra de medicamentos centralizada. Hay que debatir cambios, porque hoy existe la cuestión de que faltan tantos puntos en las cuotas, pero eso se puede arreglar y después desarreglar, y mientras tanto sigue el tema de fondo, al no haber políticas de Estado que apunten a esto.

-La ley de prepagas tuvo su punto más controvertido en la admisión obligatoria de afiliados sin importar su estado de salud, ¿cuál fue el efecto?

-La verdad es que no hubo un aluvión de afiliaciones; sí podría haberlo. Creo que está mal expresado el artículo, porque alguien puede entrar y salir [como afiliado de una prepaga] según sus necesidades, y ahí se rompe el principio de la previsión. Y no hay cuota que compense eso.

-Varias leyes incorporaron cobertura obligatoria de tratamientos o enfermedades; ahí está la cuestión del financiamiento por un lado y el derecho de los ciudadanos por el otro.

-Hay una idea de que, en el sector, todo lo que no es la administración pública tiene una altísima rentabilidad y que pueden hacerse cargo de todo sin alterar los costos, pero eso no es verdad. A largo plazo no funciona ninguna entidad sin excedentes financieros para reinvertir. Estos temas habría que discutirlos aceptando que hay una demanda, y habría que sumar protocolos que fijen dónde y cómo se hacen la atención de enfermedades. Hay que evitar que todo vaya a las cuotas y salir de esta situación en la que quedó entrampada la actividad.

 

 

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